En el occidente de Cúcuta, está ubicado el antiguo
cementerio central. Histórico y desolado, donde descansan miles de almas. En su
entrada hay dos ángeles hechos en porcelana y yeso, puestos de frente con una
trompeta cada uno, haciéndolos guardianes
de este lugar sagrado.
Muchas de sus
tumbas, abandonadas, greteadas y deterioradas por el paso del tiempo, un
desolado espacio en donde se percibe una sensación extraña al caminar por el, un
paseo por laberintos, en donde la mayoría de tumbas están “adornadas” por fotos
y flores marchitas, en donde sus visitantes son pocos y entre ellos encontramos
a los encargados de los “arreglos” y a las palomas que se posan en las tumbas.

"Luego de muerto el mico Isaza empezó a hacer milagros, y creo que la cantidad de placas de agradecimiento lo demuestran, soy participe de esto, muchas veces me ha sacado de apuros, le tengo su plaquita y le traigo flores cada vez que puedo" agregó Luis Rojas
Era un día soleado como de costumbre en la frontera, poca
brisa corría y la gente se agolpaba en los alrededores del cementerio. Frente a
la puerta, está el parque, donde trabajan varios vendedores de rosas y uno que
otro vendiendo fotos del mico Isaza con números para hacer el chance; aquellos
que a diario buscan un lugar en la pequeña plaza para lograr vender sus
productos, los mismos que buscan ganarse la vida en este sitio al que llegan
los que ya la perdieron.
Escasa gente transita por este sector, aunque está al pié
de una redoma a pocas cuadras del centro de la ciudad. 17 – 35 es la numeración
que indica la ubicación del cementerio, - un número bastante bueno para el
chance – afirmó con tono burlesco uno de los transeúntes que pasaba por aquel
sitio, borracho y con ropa andrajosa.
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